El Valle del Valle de la muerte

En noviembre del 2014, en el lobby de un hotel, tuve el privilegio de conocer al Billonario Jeff Hoffman. Simplemente estaba sentado allí, en el sillón de a lado en las islas del lobby. Sin lujos y sin extravagancias -como bien describe el libro “El millonario de a lado“-. Sin siquiera tener idea de quién era él, comenzamos una platica superficial cuando me ve y me dice: “Tú vienes también al Congreso?” haciendo referencia al Global Entrepreneurship Congress de ese año que se celebró en Seúl Corea y al cual habíamos ganado nuestra participación con FRI, -Era la empresa Fintech con la que iniciamos en el camino del emprendimiento, la vendimos en el 2019 a un fondo de inversión de bancos- le contesté con un tímido “Si :)” al ver mientras le contestaba que se acercaba una mujer visiblemente emocionada a pedirle un autógrafo a Jeff; no tengo idea de que cara puse pero él sonrió y me dice “voy a pedir otro café, quieres uno?” yo no había almorzado, ni cenado, porque fue un viaje de esos tipo “milagro” y solamente tenía us$60 -que eran prestados- para sobrevivir 3 semanas en una ciudad en donde un simple café negro costaba us$13 y había muchísimo frío -que por cierto, ese café era de El Injerto de Guatemala-. En esa plática que duró un poco más de 4 horas, me contó sobre cómo en su primera empresa, antes de ser millonario y de escribir libros, el también paso por el valle de la muerte y me enseño algo fundamental para el desarrollo de cualquier emprendedor: todo pasa y es de aguantarla cuando sabes hacia donde vas…

Yo cuando todavía tenía pelo junto a Jeff Hoffman en el Global Entrepreneurship Congress

Ahora, enfoquémonos en lo importante, el Valle de la muerte es algo muy serio que muchos emprendedores toman a la ligera y NO es un chiste. Todo emprendimiento comienza con una curva negativa debido a que todo es inversión, tu tiempo, el dinero que le inyectas, la luz que usas en tu casa para conectar la computadora mientras haces tus presentaciones, el internet, etc.; pero, después de 18 ó 24 meses en los que todavía seguís trabajando 15 horas diarias -8 en tu trabajo formal y 6 o 7 horas en tu emprendimiento después del trabajo- todavía no hay producto; lo que existe es una versión de un producto mínimo viable con el que haces tus intentos de venta en el mercado -digamos que para validación. Guiño guiño- y los inversionistas te dicen “cuando tengas clientes regresa” y los clientes te dicen “cuando tengas el producto regresa”. A estas alturas del partido, ya se te terminaron los ahorros, nadie cree en ti, ni siquiera tu mismo -que es normal, créeme-, tu pareja te comienza a presionar para que busques un trabajo formal o un segundo ingreso (o en un caso extremo te deja del verbo se va), tu ropa ya se ve desgastada generando desconfianza en los inversionistas, comenzas a no comer los 3 tiempos, ya no podes pagar ni el parqueo para las reuniones con tus clientes, ya no podes pagar la luz, tu refrigeradora esta casi vacía, ya no te dan crédito en la tienda y te toca comenzar a ver como sos creativo para seguir adelante.

Según la estadística, la parte más alta de una curva se llama cresta y la más baja se llama valle. En este artículo nos estamos refiriendo al punto más bajo de la parte más baja de la curva negativa al cual llamo El Valle del Valle de la muerte.

La temporada que les describo en el párrafo anterior no era un jardín de rosas para nosotros. Era una época en la que las fintech -empresas que se dedican a hacer tecnologías financieras o productos financieros pero no son una entidad financiera- no era hot topic, no había un ecosistema de emprendimiento desarrollado en Guatemala (tampoco ahora pero en mucho menos en ese tiempo), no conseguíamos inversión ni tampoco teníamos recursos con mi socio para salir adelante; y cuando les hablo de que no teníamos recursos lo digo en serio. Nadie creía en nosotros, se me arruinó mi carro y lo tuve que dejar botado y el de mi socio no servía la mayoría del tiempo -de hecho lo fundimos en un viaje pero se los cuento en otro artículo-, muchas veces solo teníamos los Q2 para el transporte público o nos tocaba caminar hasta 12km para poder juntarnos a trabajar en lo que la mayoría de personas consideraba que era una pérdida de tiempo: nuestro emprendimiento, FRI.

Una tarde, colapsé. Ya no tenía dinero para comer, ni para transporte, ni para absolutamente nada. Le debía dinero a todo el mundo, recibía 23 llamadas diarias de cobranza, tuve que regresar a vivir a la casa de mi papá porque ya no podía pagar en donde vivía; esa fue una de las 3 o 4 veces en que habíamos decidido tirar la toalla. Al ya no poder pagar mi plan de teléfono, fuí a la agencia a ver qué podíamos hacer y estábamos sentados en el área de restaurantes de un centro comercial esperando turno de servicio al cliente -y nos faltaba como 1 hora- cuando recibí un correo electrónico. Este mail que estaba a punto de abrir nos cambió la vida -pero no la situación- en el momento oportuno.

Era un mail de parte del Ministerio de Economía de Guatemala en nombre del Banco Mundial en donde nos felicitaban por nuestra labor en la inclusión financiera y ofrecían llevarnos a Corea del sur para aprender todo sobre fintech, diseño de productos financieros digitales y banca sin sucursales -o banca embebida como se le conoce formalmente-. Cuando le leí en voz alta el mail a mi socio nuestra primera pregunta fue “Qué será inclusión financiera?” jajajajajaja. Cuando comenzamos nuestro emprendimiento no teníamos idea de nada sobre productos financieros digitales, simplemente queríamos garantizarle a las personas la paz mental de haber recibido un pago aunque no tuvieran acceso al dinero en tiempo real.

Hace un par de años, un amigo -que conocí en primer año de la universidad y es de los pocos que todavía me quedan- con quién compartimos los gustos por un buen partido de tenis y por Frank Sinatra, me recomendó leer un libro que, junto a lo que aprendí de la plática con Jeff, me cambió por completo la manera de entender lo que es el valle de la muerte en el emprendimiento. Este libro se llama “The hard thing of the hard things” y fué escrito por Ben Horowitz en donde narra cómo junto a su socio crearon una empresa que luego vendieron a AOL y luego crearon otra que vendieron a HP hasta lograr salir adelante con su emprendimiento.

La mayoría de las personas piensan que el éxito es obtener un resultado favorable a un pequeño esfuerzo, o también lo ven como la fortuna que acompaña a muchas personas en la vida, consideran que tener dinero o una buena posición es ser una persona exitosa. El éxito ha sido definido de muchas maneras y por muchas personas pero pocos pueden hacerlo con propiedad. Simplemente, tus límites están en tu mente no en tus recursos. Es tu mente quién es tu peor enemigo o tu mejor aliado. El valle del valle de la muerte simplemente ayuda a sacar lo mejor de ti y a demostrar(te) de qué estas hecho y qué sos capas de hacer. Si estas en un emprendimiento es normal esta fase, aguanta!!! una vez que pases esta fase todo comienza a ser subida. Nuestro primer inversionista vino precisamente cuando comenzamos el final de esta fase y nos ayudo a salir de ella. 3 años después -si!! 3 pinches largos años después- de haber iniciado tuvimos a nuestro primer cliente -un banco, que el primer año nos había dicho no- que cuando nos llamó nos dice: “estamos interesados en tener un contrato con ustedes” nosotros muy emocionados les preguntamos qué los había hecho cambiar de opinión a lo que nos dijeron “ustedes son los únicos que quedan” jajajajajaja, de todas las fintech que habíamos llegado a ofrecer nuestros servicios, solo nosotros habíamos logrado sobrevivir el valle del valle de la muerte. No somos especiales, ni más inteligentes -aunque mi mama diga que si- simplemente estamos comprometidos con la visión y siempre hemos dicho “hagámoslo, total, que tenemos que perder?”

Animo! no estas solo. AGUANTA!!

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Boris Lemus
Boris Lemus

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